¿Y si lo que le reclamas a otro fuera una señal tuya?
Y la palabra que yo más usaba resultó ser la señal.
Hoy quiero contarte algo que me costó ver, y que cuando lo vi me acomodó por dentro.
Tiene que ver con una palabra que yo usaba mucho.
Congruencia.
Me importa. Me ha importado siempre. Que lo que alguien dice y lo que hace sean la misma cosa.
La buscaba en la gente con la que trabajaba, la nombraba en mis conversaciones, la reclamaba en silencio cuando no la encontraba.
Y durante años no me di cuenta de lo que estaba haciendo cuando la pedía.
Te cuento cómo lo entendí.
Hace un tiempo estaba en el estacionamiento, esperando a mi hijo mientras terminaba su práctica de básquetbol. Ese rato muerto, con el teléfono en la mano, viendo pasar gente.
Y me entró un mensaje. Una mujer que me sigue en redes me escribía para decirme que le había gustado una publicación mía. Terminaba con dos palabras: muy congruente.
Me quedé con el teléfono en la mano un rato largo.
Porque ahí, leyendo esas dos palabras que alguien me estaba regalando, vi de golpe lo que hacía con ellas cuando las pedía.
Cada vez que la pedía afuera, estaba señalando algo que pasaba adentro.
No siempre lo mismo. Pero siempre algo mío.
Y lo más incómodo de todo: pedirla ya era un juicio.
En psicología se estudia como proyección,
un mecanismo descrito desde el trabajo de Anna Freud sobre las defensas del yo: aquello que no reconocemos en nosotros mismos tendemos a verlo con nitidez en los demás, y a reaccionar ahí con una intensidad que no corresponde al hecho.
Por eso lo que más nos irrita de otro suele ser información sobre nosotros.
En la vida cotidiana, esto se ve más simple.
Te molesta que alguien no cumpla, y esa semana tú venías postergando algo tuyo.
Te incomoda que alguien hable de más, y llevas días diciendo cosas que no sientes.
Te pesa que alguien no se haga responsable, y hay algo tuyo esperando que otro lo resuelva.
No siempre es exacto. Pero casi siempre hay hilo.
Y quiero decirte esto con cuidado, porque no se trata de dejar de ver lo que ves.
Se trata de mirar primero lo tuyo.
La congruencia empieza por una misma. Lo de afuera no es el problema. Es el espejo.
Desde entonces vivo distinto. Cuando algo me molesta de alguien, ya no salgo a corregirlo.
Me pregunto qué me está mostrando.
Y casi siempre hay respuesta.
Lo curioso es que desde que dejé de pedirla afuera, la encuentro más.
No porque la gente cambiara. Porque cambió desde dónde la miro.
Mi nombre es Saskia Fulco.
Y este espacio es para eso: para que lo que ves en otros deje de ser un reclamo, y se vuelva información sobre ti.
Sin presión. A tu ritmo.
Si quieres seguir desde aquí, escribí un libro sobre esto — sobre decidir desde tu identidad y no desde lo que se espera de ti. Se llama Aprender a Ser, y lo puedes encontrar en Amazon, por si quieres tenerlo cerca.
Y si al leer esto sentiste que hay algo tuyo que quieres mirar más de cerca, con alguien al lado, la solicitud de consultoría está abierta. La dejo aquí para ti.
Por hoy, solo una pregunta:
¿Qué le estás pidiendo a alguien, que quizá te lo estás pidiendo a ti?

