Hay cosas que te llaman la atención antes de que sepas por qué.
Hoy quiero contarte lo que descubrí mirando una rama.
Hace unos días fuimos a visitar a unos amigos en Asheville, Carolina del Norte.
La casa está metida en la montaña. Se sale a la terraza y lo que hay es bosque: verde sobre verde, y detrás las montañas azules del atardecer. En el transcurso del día salen de entre los árboles unos osos hermosos, la mamá osa y sus bebés detrás.
Un lugar donde todo pasa sin que nadie lo esté organizando.
Una tarde, entre todo ese verde, se me fue la mirada a una rama donde las hojas tenían otro color.
No la busqué. Estaba ahí, llamándome desde el día anterior.
Y al día siguiente, apoyada en la baranda, giré la cabeza y había otra. Distinta. Con el sol colándose justo por ahí.
No sé si ya estaba. Probablemente sí.
El bosque no cambió. Cambió hacia dónde miré.
En psicología se estudia como atención selectiva,
un campo que investigadores como Anne Treisman ayudaron a describir: de todo lo que hay frente a nosotros, la percepción deja pasar solo una parte, y lo que deja pasar cambia según el estado interno con el que se llega.
No vemos lo que hay. Vemos lo que en ese momento estamos disponibles para ver.
En la vida cotidiana, esto se ve más simple.
Un día la misma calle de siempre tiene una puerta que nunca habías notado. Una conversación repetida suena distinta. Una frase que leíste hace años, de pronto te dice algo.
No cambió la calle. No cambió la frase.
Cambiaste tú, y por eso te dejaste ver otra cosa.
Y ahí hay algo que llevo tiempo observando: hay conexiones que no se repiten dos veces.
Lo que te llama hoy, mañana ya no te llama igual. La rama que ayer me detuvo, hoy era otra. Si no la miro cuando aparece, no vuelve a aparecer de la misma forma.
Durante mucho tiempo yo quería entender enseguida qué significaba cada cosa. Le exigía sentido de inmediato. Y cuando no lo encontraba, lo descartaba.
Hoy hago algo más sencillo: agradezco la presencia.
Que haya aparecido. Sin pedirle todavía que me explique nada.
Porque a veces una está transitando algo sin saber que lo está transitando. Y lo primero que llega no es la respuesta.
Es la señal de que estás mirando.
La vida no está para entenderla. Está para vivirla. Y la forma en que decides vivirla cada minuto influye en su transformación.
Mi nombre es Saskia Fulco.
Y este espacio es para eso: para que dejes de exigirle sentido inmediato a lo que aparece, y empieces a reconocer que ya estás mirando distinto.
Sin presión. A tu ritmo.
Si quieres seguir desde aquí, escribí un libro digital para eso: Empieza por Yo Soy, una práctica para volver a ti y reconocer desde dónde estás mirando. Lo puedes descargar en la sección de ebooks.
Por hoy, solo una pregunta:
¿Qué te ha estado llamando la atención estos días, sin que sepas todavía por qué?

