¿Con qué palabras te estás nombrando hoy?
Quizás ahí esté lo que aún no se movía.
Si llegaste hasta aquí, ya hiciste casi todo el recorrido.
Viste lo que se repetía.
Lo ordenaste.
Decidiste.
Y entendiste que sostenerlo no era saber más.
Queda una sola cosa. Y es la más silenciosa.
Las palabras con las que te nombras.
Las decimos en automático.
«soy así.»
«siempre me pasa lo mismo.»
«no soy buena para esto.»
Y creemos que solo describen.
Pero no describen. Construyen.
La palabra con la que te nombras no cuenta tu vida. La está armando.
En psicología se estudia como identidad narrativa, un trabajo desarrollado por investigadores como Dan McAdams, que muestra cómo la historia que te cuentas sobre
ti misma va dando forma a quién terminas siendo.
En la vida cotidiana, esto se ve más simple.
Cambias la frase… y, despacio, cambia lo que vives desde ella.
Te cuento algo pequeño.
Hace un tiempo dejé de comprar café molido. Ahora muelo el grano con canela en rajas, en casa.
Suena a nada. Pero ese gesto cambió algo.
El aroma se volvió más dulce. El sabor también.
Y casi sin darme cuenta, fui bajando el azúcar. No por disciplina. No por quitarme nada.
Sino porque lo dulce ya estaba ahí, de otra forma.
Amo lo dulce. Y entendí que no tenía que renunciar a eso. Solo nombrarlo distinto.
Porque lo dulce, para mí, me recuerda algo que se me olvida cuando todo pesa: que la vida sí puede ser dulce.
Eso es integrar. No quitarte. No forzarte.
Reordenar el gesto, cambiar la palabra, y dejar que lo nuevo se viva sin pelea.
Este recorrido empezó notando que algo ya no se sentía igual. Y termina aquí: en las palabras desde las que eliges vivir.
Mi nombre es Saskia Fulco.
Si quieres seguir desde aquí, escribí dos libros que se acompañan.
Empieza por Yo Soy, para volver a quién eres. Y El Lenguaje del Futuro, para las
palabras con las que construyes desde ahí.
Se leen en ese orden: primero te reconoces, después te nombras hacia adelante.
Sin presión. A tu ritmo.
Por hoy, solo una pregunta:
¿Qué palabra vas a empezar a decirte distinto?

